El pasado mes de abril participé en una charla en línea en la que abordamos el tema de los mitos en el shibari.
Entendemos por mito la aceptación de una idea sin cuestionarla, sin un análisis crítico, tomándola como cierta sin respaldo de hechos o evidencias.
Esta aceptación crédula genera estereotipos o ideas erróneas que calan profundamente en la cultura popular.
Por desgracia, el shibari está plagado de mitos, es decir, de ideas erróneas y falsedades aceptadas sin cuestionarlas.
Para comenzar, el primer mito surge precisamente al intentar identificar qué es y qué no es shibari.
Más que un mito aislado, se trata de varios que confluyen en el mismo punto, y cuyo análisis resulta más revelador si se considera su origen.
Uno de ellos es la idea de que el shibari es un arte, algo elevado, culto y refinado.
Para muchas personas, reconocer que nos atrae algo sucio, sexual y brutal —tan refinado como atar una tomatera a una pértiga o un asno a un poste— resulta irrelevante para algunas personas o les genera vergüenza admitir sus gustos y apetencias sexuales.
Si entendemos el arte como "bellas artes", el shibari no es un arte, al menos no por definición. Y, por supuesto, no todo el shibari puede considerarse arte.
Pretenderlo sería como afirmar que los garabatos hechos con un bolígrafo en el margen de una libreta son arte.
La intención del autor, el propósito de la obra —o más bien la falta de propósito— y el mercado son factores determinantes en este caso.
Determinar si una obra o disciplina es "arte" es complejo y da pie a debates y discusiones incluso en contextos académicos.
Algunos de los criterios que se emplean para ello son, por ejemplo:
- La intención del creador de transmitir una idea, emoción o experiencia estética. En este sentido, el intento de evocar la belleza a través del sufrimiento en el shibari podría considerarse arte.
- El contexto cultural e histórico, es decir, si existe una tradición, un reconocimiento cultural en su momento, o si genera un impacto cultural o social. Podemos tomar como referencia a Andy Warhol y la forma en que sacudió el mundo del arte. Evidentemente, el shibari no tiene ese alcance ni trascendencia.
- La destreza técnica, incluso en las expresiones artísticas más convulsas para el espectador, un ojo entrenado puede identificar la maestría técnica del autor. Esto podría aplicarse al shibari; sin embargo, al no haber un criterio unificado sobre la técnica —y lamentablemente, siendo bastante pobre, cuando no cuestionable, en la mayoría de los casos—, es un aspecto que aleja al shibari del concepto de arte.
- El impacto emocional y el valor conceptual, que sin duda el shibari logra. Quien ve por primera vez un espectáculo de shibari suele recibir un impacto emocional. No obstante, esto no necesariamente proviene de los elementos propios del shibari, sino de la performance que se está presenciando. Otra representación diferente podría resultar plana y carente de valor.
En tales casos, hablaríamos de un artista que se expresa independientemente del medio o la técnica, o, con mayor frecuencia, de una ejecución avant-garde o state of the art que sorprende a los espectadores en su momento, pero que vista en retrospectiva pierde fuerza.
Otros elementos que otorgan legitimidad y reconocimiento como arte incluyen, por ejemplo, el ingreso a galerías, museos o el reconocimiento social.
Así, hoy en día, el grafiti es reconocido como una forma de expresión artística, mientras que el shibari, cuando alguien lo conoce solo de oídas, suele ser referido como "arte" porque lo leyó en algún sitio, o para mantener cierta distancia dado su asociación con el sexo y el sadomasoquismo.
Existen al menos otra media docena de criterios para valorar la condición artística de una disciplina... y, por supuesto, cualquiera de los mencionados anteriormente podría emplearse para argumentar justo lo contrario de lo que aquí expongo como análisis y opinión personal.
Ahora bien, cuando algo se cataloga como arte, debe juzgarse y valorarse desde esa perspectiva, donde la apreciación subjetiva y el mercado son elementos clave.
En este punto, os propongo comparar las instalaciones artísticas de Hajime Kinoko y Chiharu Shiota (incluyo los enlaces al pie de página) y sacar vuestras propias conclusiones.
Pero, ¿de dónde proviene este mito?
Quizás de un intento de romantizar o justificar una práctica erótica o el consumo de material pornográfico.
Es posible que, en algunos casos, esta sea la explicación, especialmente considerando que el shibari se difundió en Occidente en el apogeo de las contraculturas y el underground.
En la industria cultural, una vez que algo adquiere una etiqueta, no resulta sencillo quitársela.
En parte, también puede deberse a una interpretación errónea del término inglés art. Cuando hablamos de shibari, sería más correcto referirnos a art and craft, es decir, a un oficio, a la técnica propia de un gremio. El término japonés jutsu encaja mucho mejor con esta idea.
Si lo analizamos, el atado —el arte de atar— es algo propio de los oficios. En todo el mundo, marineros, campesinos, ganaderos o comerciantes han recurrido siempre a las cuerdas, utilizando nudos y atados específicos para funciones concretas.
Esta idea de los oficios y los gremios es importante, recordadla.
