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Mitos del Shibari: Dolor y Dejarse Hacer en la Práctica Erótica

Continuamos con otro mito incómodo, ya que desmontarlo apunta, en bastantes casos, a conductas y comportamientos que pueden catalogarse como abuso o de riesgo de abuso: la relación del shibari con el dolor y, por extensión, con el BDSM.

Primero, el dolor...

El shibarino es una técnica de tortura, sino una herramienta de gestión. Utilizada fuera del mutuo consentimiento, se convierte en manipulación.

Existen imágenes históricas de mujeres atadas y torturadas en grabados japoneses, sí, pero estas son representaciones de crímenes, no de escenas eróticas. Su propósito era aleccionar, no excitar.

En la actualidad, por la forma en que se practica, enfocar el shibari como una tortura es una receta para la lesión.

Ya que en naturaleza técnica es intrínsecamente lesiva, y un uso inapropiado o inconsciente puede provocar daños.

Cierta obsesión con la suspensión, con colgar a personas de formas imposibles y causar dolor, puede parecer espectacular para el neófito.

Desde la ignorancia, podría valorarse como un ejercicio artístico; desde la simpleza, como una expresión emocional intensa y verdadera.

Pero, en realidad, estas prácticas son agresiones al cuerpo. Colgar y levantar a una persona sin las debidas garantías técnicas es una barbaridad.

Se ven auténticas burradas. Bueno, no: lo que realmente se ve poco es buena técnica. Entendámoslo: la suspensión es una acrobacia calisténica, no un ejercicio de brutalidad.

Y luego está ese otro mito: que hay que suspender, que cuanto más difícil y complicado, mejor.

No. Eso es circo, es fantasía, no la vida real.

El shibari, dentro de una práctica sexual, como interacción entre dos personas en el plano erótico, no busca la espectacularidad, sino la satisfacción del deseo.

Ahora bien, si hablamos de un show acrobático, evaluémoslo como tal, con los parámetros del espectáculo: la escenografía, la dramaturgia, la espectacularidad, la técnica acrobática en sí, la innovación, la narrativa, la música, el sonido, la sincronización y la seguridad.

De igual forma, si estamos ante un shibari artístico, como una fotografía, debemos valorarlo como fotografía y como arte, además de como shibari.

Si queremos incluir, por ejemplo, la suspensión o restricciones intensas en nuestra vivencia erótica, y hacerlo con seguridad, el dolor es incompatible.

Aquí hablamos de un dolor en la musculatura que nos soporta, ya sea causado por las cuerdas o por algo externo, como un impacto.

Es incompatible porque no se puede mantener la activación muscular requerida para que la práctica sea segura en presencia de dolor muscular.

Obviamente, conceptos como “aguantar” son un disparate. Esto ya pasa del mito al abuso. A ver: te aguantas las ganas de orinar cuando estás en el transporte público.

Pero que la persona atada tenga que soportar la incompetencia y falta de habilidad de quien la está atando... eso es puro abuso.

No me refiero a incidencias durante el aprendizaje, sino a esa actitud de: “Aguanta tú mientras yo hago lo mío, me luzco ante mi público, satisfago mi ego, y a ti te importa poco si te duele, lo pasas bien o te lesiono. Con suerte, te hago una paja antes de soltarte”.

¿Lo habéis visto?

Señalad esas conductas como abuso.

BDSM

Si hasta ahora he dicho cosas chocantes, ahora me voy a complicar la vida más...

El shibarino es BDSM.

¿Puede integrarse en una práctica BDSM?

Sí, con ciertos peros, pero sí puede. Sin embargo, por definición, no es BDSM.

Esto es complejo y da para mucho debate, ya que el propio concepto de BDSM se presta a múltiples interpretaciones.

En resumen, por su naturaleza, el shibari está diseñado para moldear el consenso, cambiando la perspectiva desde la que la persona atada valora lo que sucede dentro y fuera de su cuerpo, es decir, su realidad.

Donde al principio se dijo “nada sexual”, a mitad de sesión puede surgir un “fóllame”.

Además, la forma de gestión y comunicación que implica requiere horizontalidad, que no siempre encaja en el BDSM.

Obviamente, esta argumentación no es una invalidación de las prácticas asociadas al BDSM, sino una llamada a utilizar las herramientas que mejor se adapten a cada caso y, con ello, reducir riesgos.

Las modelos entregan su cuerpo

Si hablamos de un shibari en el que la técnica implica la anatomía y la biomecánica, la afirmación del título es un completo disparate.

El shibari erótico es activo, es como el tango: no una persona lleva y la otra acompaña...

Ni se deja inerte, ni opone resistencia... Es un acto entre dos, ambos tienen mucho que aportar y hacer.

Es algo que vemos con frecuencia: llega una pareja a clase y, en nuestra escuela, las primeras clases son sobre la persona atada.

Tiene que aprender a escuchar a su cuerpo e interpretar lo que este le dice mediante la gestión de sus movimientos.

Y esta persona se sorprende mucho, ya que lo que se ve en "otros" sitios, y la imagen que se transmite, es la de que la persona atada es un mero pasajero.

Pero es su cuerpo. Quien ata no tiene terminaciones nerviosas en él para saber qué está pasando, si va bien, si más, si menos...

Y en este proceso, la persona que ata tiene que aprender a identificar las respuestas, las claves corporales que le da la persona atada.

Es comunicación, y en muchos momentos requerirá palabras, pero en otros habrá que interpretarlas con el riesgo de equivocarse...

El shibari erótico es un juego de dos. Ambas partes son igual de importantes. Ambas personas deben disfrutar de la sesión y buscar su satisfacción personal juntos, interactuando.

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