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Sekibaku (責縛) - Shoden (初段)
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Conociendo ya los riesgos, pasemos a cómo prevenirlos.

Lo primero es verificar si la persona puede adoptar la posición de forma activa, es decir, por sí misma.

¿Puede hacerlo? Perfecto.

¿Solo parcialmente? Ese será nuestro punto de partida.

¿No puede? No hay problema: adaptamos la técnica a sus capacidades. Por ejemplo, con formas de gote en las que los brazos estén extendidos o separados.

Atención: colocar los brazos hacia delante no es una alternativa válida. Es una postura ajena al gote, sin sus dinámicas ni efectos.

La activación muscular es esencial y debe comprobarse constantemente. El rango de movimiento está directamente ligado a la capacidad de mantener esa activación.

Y no solo en los brazos: la musculatura abdominal, los costados y la espalda también son clave. Los grupos musculares se apoyan entre sí para adoptar posiciones estructuradas.

Además, es crucial garantizar la estabilidad articular. Hombros rotados, pecho abierto y escápulas planas son imprescindibles para que el gote cumpla su función.

Hasta ahora no hemos hablado de las piernas, pero no deben pasarse por alto, especialmente en posturas de pie.

Una mala gestión del balance o la postura puede arruinar todo el trabajo si no se integran adecuadamente.

En posiciones de pie, las piernas deben ser un soporte firme y estable. En el suelo, no deben entorpecer ni generar incomodidad.

Hay un consejo que ha ganado popularidad, aunque no tiene mucho sentido: mantener los codos "dentro" de la línea de los hombros.

La lógica detrás es que, sin una buena rotación de hombros ni escápulas planas, los codos tenderán a sobresalir.

Sin embargo, incluso con los codos “dentro”, pueden darse compensaciones erróneas. Por tanto, no es un buen indicador.

Ahora bien, con los codos claramente fuera de línea, aumenta el riesgo de impactos en zonas sensibles.

Los pliegues vertebrales no son una simple señal de alerta: indican que algo se está haciendo muy mal.

La columna está compuesta por vértebras, algunas más móviles que otras. El movimiento óptimo se reparte entre varias vértebras, distribuyendo la carga.

Si el esfuerzo se concentra en solo dos vértebras, aparece lo que conocemos como pliegue: compresión de discos, pinzamientos nerviosos y vasculares... Nada recomendable.

Esto suele ocurrir al elevar los hombros o arquear las lumbares para sacar el “culete”.

El gote no es una postura estática: está diseñado para el movimiento. Por eso es fundamental conocer los vectores de desplazamiento de cada variante.

La mayoría de los gotes trabajan sobre el plano horizontal: hacia delante, atrás o lateralmente.
Algunos —los más complejos— integran el movimiento en el plano vertical.

Conocer la técnica y su propósito es indispensable.

Podrías intentar cruzar un país con un deportivo... o con una excavadora. Solo una de esas opciones es eficiente. Lo mismo si quieres derribar un edificio: la excavadora sí, el deportivo no.

Pues en esto, igual.

Nota: los movimientos en el gote deben ser siempre circulares.

No se empuja en línea recta hacia adelante, se genera una tracción circular (demostrarlo visualmente si se puede).

En desplazamientos verticales, la cuerda —pasando por el punto de anclaje y regresando— contribuye a ese recorrido circular.

Para terminar con el apartado de seguridad: la persona atada no debe agarrarse los antebrazos.

Eso genera una sobrecarga de tensión en la zona, altera la activación muscular y descompensa el balance corporal, reduciendo la eficacia de la figura.

Estéticamente, en Japón se valora lo que se conoce como manos llorando: cuando las manos cuelgan como las ramas de un sauce o las flores de una glicinia.

逆手枝垂後手 → (sakate shidare gote): manos atrás, colgando como ramas.

Sin embargo, desde el punto de vista funcional, eso supone un riesgo: unas manos colgantes implican nula activación en los antebrazos.

La tensión debe partir del meñique, que actúa como timón o pointer, subiendo por el brazo, cruzando el cuerpo, activando el core y, a través de los glúteos, bajando por las piernas hasta el suelo… y regresando por ese mismo camino para impulsar las cuerdas.

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