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Sekibaku (責縛) - Shoden (初段)
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La figura gote es muy común en shibari; sin embargo, su mala ejecución es responsable de un buen número de lesiones. Veamos cuáles son los riesgos asociados a estas formas y cómo evitarlos.

Antes de aprender la técnica para realizar el gote, comprendamos cuáles son los riesgos implícitos en este tipo de figuras.

En la práctica, los gote son formas muy útiles para gestionar el equilibrio y la postura de una persona.

Sin embargo, aun contando con los conocimientos o habilidades necesarios para ejecutarlos de forma adecuada, pueden resultar peligrosos y entrañan riesgos.

Identificando los riesgos

A grandes rasgos, existen tres tipos de riesgos al ejecutar formas tipo gote:

Falta de habilidades o conocimientos

Puede parecer una figura sencilla, pero si no se realiza adecuadamente, puede volverse peligrosa y llegar a causar lesiones.

La solución es simple: formación y práctica supervisada por alguien que cuente con los conocimientos y habilidades necesarios.

Y, por supuesto, un honesto ejercicio de la responsabilidad personal.

Mitos e informaciones sin base

En este segundo grupo de riesgos se incluyen aquellos derivados de prestar atención a mitos o informaciones con escasa o nula base.

Como ejemplo, se puede señalar el mito de que los brazos en la posición de gote deben estar siempre flexionados (en forma de caja) y que cuanto más arriba se sitúen las manos, mejor será la forma.

Cabe aclarar que, cuando hablamos de una posición de “cuadrado”, no empleamos el término de forma literal, sino como metáfora, ya que los cuadrados, como forma geométrica, poseen gran estabilidad.

La prevención de este tipo de riesgo pasa por buscar fuentes de información y formación fiables, contrastar la información que se nos ofrece y, sobre todo, asegurarnos de que cualquier afirmación categórica tiene un fundamento sólido, y no responde simplemente a un porque se hace así o porque yo lo digo.

No debemos asumir que algo se hace de cierta manera solo porque alguien lo afirma con seguridad.

La búsqueda de conocimientos sólidos y el ejercicio del escepticismo saludable son herramientas fundamentales para evitar riesgos innecesarios.

Es importante asegurar que nuestra práctica del shibari no esté guiada por creencias infundadas.

En cuanto a flexionar y “cruzar” los brazos a la espalda…

Debemos tener en cuenta que gran parte de la población occidental no puede adoptar esta posición de forma segura.

Es decir, su rango dinámico activo no les permite colocar los brazos atrás en forma de caja sin realizar compensaciones.

Y estas compensaciones conforman precisamente el tercer grupo de riesgo, que veremos a continuación.

¿Qué sucede entonces?

Que los brazos adoptan esta posición de forma pasiva, con ayuda de la persona que ata, sin que la persona atada implique su musculatura para mantener la postura, generando así compensaciones.

Al aplicar fuerzas, el cuerpo no estará ubicado en la postura óptima para distribuirlas, por lo que estas fuerzas actuarán sobre tejidos y estructuras que no están diseñados para ello.

El cuerpo responde a lo que se le pide, pero si no lo conocemos y comprendemos, y le exigimos más de lo que puede hacer de forma óptima, actuará de forma subóptima, sobrecargando estructuras como articulaciones, tendones y ligamentos.

Estas sobrecargas causan daños, que suelen ser acumulativos. Una sesión con múltiples compensaciones no causará necesariamente una lesión incapacitante de inmediato, ni siquiera molestias perceptibles.

Pero si repetimos esa sobrecarga con frecuencia, más pronto que tarde se manifestará el daño, normalmente en el punto más debilitado del cuerpo.

Las compensaciones, como se ha mencionado, constituyen el tercer grupo de riesgo en el shibari. A continuación, vamos a identificarlas y explicar cómo evitarlas.

Compensaciones

Si no construimos correctamente el gote, si no hay activación en los brazos, si no se rota adecuadamente el hombro o si se colocan los brazos demasiado arriba (para esa persona en ese momento), no será posible sostener la postura de forma activa.

Una forma de identificarlo es observar si los hombros están elevados; eso es señal clara de que la figura está mal construida.

Esto puede verificarse aplicando fuerzas verticales ascendentes al tronco desde los antebrazos (con precaución).

Si la forma está bien construida, el tronco se elevará en bloque; si está mal, los hombros subirán pero la cabeza no, generando el clásico gesto de “encogerse de hombros”.

¿Cuál es el peligro y cuál es el fallo?

En ese caso, las fuerzas aplicadas no impulsan el cuerpo hacia arriba, sino que comprimen el cuello, las cervicales y toda la estructura entre cuello y hombros.

Un efecto leve será la contracción de la zona si los músculos absorben la energía.

Si los músculos no logran gestionarla, serán los tejidos blandos quienes lo hagan, incrementando el riesgo en la zona cervical y en los nervios que emergen de ella, pudiendo provocar pinzamientos.

Ninguno de estos efectos es deseable y todos representan riesgos importantes para la salud.

Otra forma de identificar compensaciones es observar las escápulas: deben estar planas.

Si están salidas o abiertas, será señal de que la forma está mal ejecutada y el cuerpo está compensando.

Normalmente, esto se debe a que los brazos están demasiado arriba o atrás para esa persona en ese momento.

Con escápulas abiertas, es imposible lograr el efecto “cuadrado” característico del gote, lo que impide construir el vector necesario para dirigir y sostener el cuerpo, cargando el peso sobre la estructura más débil del mismo.

Una correcta activación muscular al construir la restricción, una adecuada rotación del hombro y el respeto al rango activo son clave para mantener las escápulas planas.

Siguiendo con la observación del cuerpo de arriba abajo, debemos prestar atención a las costillas, que no deben sobresalir por delante de la vertical de la cadera.

Obviamente, esto requiere conocer cuál es su posición neutral. Observar y palpar son formas de aprenderlo.

Cuando las costillas sobresalen hacia adelante, están desplazando el diafragma, lo que limita tanto la respiración como la activación del core.

Además, todo desplazamiento hacia adelante genera, por compensación, otro hacia atrás, lo cual altera la distribución de fuerzas.

Como ya se mencionó —y se repetirá cuantas veces sea necesario—, cualquier compensación representa un riesgo, ya que distribuye fuerzas sobre estructuras no diseñadas para ello, habitualmente las más vulnerables del cuerpo.

Un efecto secundario de las compensaciones es que dificultan enormemente la gestión del cuerpo de la persona atada por parte de quien ata, aumentando el riesgo de lesiones o daños por manejo inadecuado.

Si detectamos este tipo de compensación, debemos corregirla llevando las costillas nuevamente a su posición óptima, es decir, alineadas sobre la pelvis. Lo ideal es sugerir el movimiento a la persona atada; podemos ayudarla suavemente.

La pelvis es un elemento clave en las técnicas corporales aplicadas en shibari, por lo que no puede pasarse por alto.

Hay que asegurarse de que no está en compensación y de que se mantiene neutra, sin inclinarse hacia adelante ni hacia atrás.

Un mal balance de la pelvis puede dar una imagen más atractiva para el ojo inexperto, pero compromete completamente la función del shibari.

Una colocación incorrecta de la pelvis afecta al cuerpo entero, reduciendo su eficiencia y, si se quiere decir así, su intensidad. Pocas cosas funcionarán correctamente si la pelvis no está bien alineada.

Corregir la postura pélvica es sencillo: basta con iniciar un movimiento rotatorio en la dirección deseada. Dependiendo de la postura, especialmente si se está en el suelo, puede ser necesario recolocar todo el cuerpo.

Riesgos de lesión que puede causar una mala rotación del hombro

Uno de los principales riesgos anatómicos asociados a una técnica deficiente de gote radica en la incorrecta rotación del hombro.

Para ofrecer una buena estabilidad y soporte a las articulaciones, y proteger los tejidos frente al esfuerzo o la carga que se les va a aplicar, es fundamental tener en cuenta ciertos aspectos.

El hombro debe encontrarse en rotación externa (hacia atrás), el húmero debe estar centrado en su cavidad articular, las escápulas deben mantenerse planas (pegadas a las costillas y rotadas hacia adentro, hacia la columna), y la musculatura asociada a la articulación debe estar activada de forma adecuada en función de las cargas o fuerzas implicadas.

Cuando se trabaja con carga —por ejemplo, en suspensión— sin una correcta activación muscular y con una alineación deficiente del hombro, el cuerpo comienza a compensar de maneras que no son seguras ni sostenibles. El hombro pierde su estabilidad natural.

Esto provoca una tensión excesiva en algunas estructuras y deja otras completamente desprotegidas.

El resultado más frecuente es el pinzamiento de tendones, especialmente los del manguito rotador, lo que puede causar inflamación, dolor y pérdida de fuerza.

También se genera fricción en el espacio subacromial, lo que puede derivar en bursitis o tendinopatías.

A nivel de la columna, si el core no está activado, la distribución de la carga es ineficaz, lo que puede provocar compresión vertebral, sobre todo en la zona lumbar o torácica.

Además, si las escápulas están abiertas o “aladas”, los músculos estabilizadores como el serrato anterior o el trapecio inferior no cumplen su función.

El cuerpo, entonces, intenta compensar con el trapecio superior, el cuello y otras zonas, lo cual, con el tiempo, puede derivar en contracturas o incluso compresiones nerviosas.

Todo esto no solo disminuye la eficacia del shibari, sino que también puede desencadenar dolores crónicos, lesiones articulares, desequilibrios musculares e incluso pinzamientos nerviosos.

Por eso, la clave está siempre en mantener una activación correcta del core, un buen control escapular y una alineación adecuada del hombro antes de aplicar carga.

Para prevenir estos riesgos, la única opción viable es aplicar una técnica adecuada, adaptada a las condiciones y capacidades físicas de la persona involucrada.

Recordemos siempre la máxima:

"Si no puedes hacerlo, no lo hagas; y si puedes hacerlo, pregúntate si realmente deberías hacerlo."

Por supuesto, realizar movimientos innecesariamente complejos o aplicar técnicas que están claramente diseñadas para provocar luxaciones es una insensatez. Es una apuesta segura por la lesión.

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